Tomás P. Mac Hale
¿Debe ser una carrera de pregrado, de posgrado o bien carecerse de estudios en los claustros, aportando evidentemente otras condiciones profesionales?
Una actual controversia académica en el mundo universitario de Estados Unidos es la relativa a la formación de los periodistas, frecuentemente cuestionados por la opinión pública: ¿Debe ser una carrera de pregrado, de posgrado o bien carecerse de estudios en los claustros, aportando evidentemente otras condiciones profesionales? En el ámbito norteamericano hay partidarios calificados de las tres alternativas.
Entrevistado por la licenciada chilena de la Universidad Católica de Chile Isabel Awad y candidata a doctora en la Universidad de Stanford, en San Francisco, el presidente de la Asociación para la Educación en Periodismo y Comunicación de Masas, Dr. Thomas Glasser - autor de reputadas obras en su especialidad- , ha declarado que no se necesita estudiar periodismo para ser periodista, pues eso sería una violación a la Primera Enmienda (de la Constitución de EE.UU. de 1791), que extiende la libertad de prensa a todos
. Añadió que, a su juicio, hay una diferencia entre tener el título o el grado (pre o post), pues el fin último que veo en la educación del periodista es inculcar en él un grado de elocuencia que le permita hablar inteligente y públicamente acerca de lo que hace y por qué lo hace. En la medida en que le proporciona el lenguaje y el vocabulario que necesita para involucrar al público en lo que es el periodismo, la educación del profesional finalmente beneficia a la sociedad
.
Esta idea liberal por esencia puede contrastarse con la situación universitaria chilena en el sector en 2003. Se ofrecerán dos mil vacantes, aproximadamente, para los primeros años en 35 escuelas de periodismo en el año académico de inminente inicio. Sin embargo, la cifra no es completa, porque algunos planteles aún no fijan los cupos definitivos y otros rehúsan proporcionar la información pertinente.
El total de alumnos de periodismo desde Iquique a Valdivia se aproxima, según estimaciones, a los nueve mil, entre primer y cuarto o quinto año de clases, e incluyendo a los de 2003, aunque las vacantes teóricas ofrecidas pueden no ser llenadas o que, incluso, alumnos que ingresen a muy pocos planteles en ciclos básicos o bachilleratos luego se inclinen por otras especialidades. La carrera de historia es una de ellas.
Desde la fundación de la primera Escuela de Periodismo en el país por la Universidad de Chile, en 1953, seguida por la Universidad Católica de Chile, en 1961, se pensó que la formación de los futuros profesionales debía ser de pregrado, pues ello en los hechos iba a poner en un plano de equivalencia a quienes no tenían título académico con los de antigua y a menudo valiosa experiencia en los medios de comunicación. Hasta hoy, en el Colegio de Periodistas A.G. coexisten unos y otros, situación ratificada por la Ley de Prensa.
La formación universitaria, exclusivamente también abierta a la colegiatura voluntaria de los titulados por las universidades, tiene críticos fundados en directores de medios informativos o en quienes controlan las prácticas que aquellos establecimientos plantean: tres o seis meses de acuerdo a jornadas completas o medias. En un reciente informe de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) hay testimonios nítidos sobre el punto.
Se ha ido abriendo campo en Chile a la creencia de que periodismo debiera ser una carrera de posgrado, o sea que el postulante, aportando un sólido bagaje profesional previo - medicina, derecho, economía, ciencia política, etcétera- , pudiera posicionarse luego en un sitio profesional en crónicas noticiosas, por ejemplo, donde las falencias en dichas áreas se comprenden por la estructura y debilidad de las mallas curriculares del pregrado. La carrera, tal como generalmente está establecida a lo largo de Chile, es de media jornada, lo cual deja abiertos espacios valiosos para complementar la formación de los educandos. Un serio problema es la escasez de vocaciones académicas para impartir asignaturas o la incompatibilidad con horarios de trabajo en los medios de quienes quisieran asumir tareas por horas en los claustros.
El tema central en el siglo XXI apunta también a la formación de los futuros periodistas. Ello se enraíza con la apreciación de que una prensa libre, responsable y de alta eficacia es básica para consolidar en muchos países la democracia y luego de ello contribuir a impedir que la corrupción político-administrativa siga cundiendo en el hemisferio.