RODERICUS
Por múltiples circunstancias de la vida, algunas personas no llegan a cumplir lo que su naturaleza les exigía alcanzar o les disponía a ser. Esos individuos inconclusos son pura posibilidad, pues, en el fondo, de antemano renuncian a ser lo que nunca han sido.
Con el transcurrir de los años, su itinerario vital está cubierto de tentativas interrumpidas; de muchas aproximaciones a metas diferentes; de caminos iniciados, pero no acabados; de elecciones sin desprendimientos; de oscilaciones de la voluntad; de decisiones con vuelta atrás; de vacilaciones radicales; de compromisos sólo transitorios; de vocaciones frustradas; de esbozos no bien concebidos; de frecuentes cambios; de quiebres continuos; en fin, de años que son una suma de acontecimientos fragmentados, pero sin un gran hilo conductor.
Los sujetos que no son capaces de superar la pura posibilidad, que permanecen en ella hasta el fin de sus días, son como esos extranjeros que jamás han dejado su propio país, pero tampoco han sabido insertarse en la patria en la que deben residir.
Así, en ocasiones, un intenso dolor acompaña a cualquier vida que se edifica a la deriva de una existencia concreta y con sentido. Quedarse en la mera posibilidad genera, de manera habitual, una poderosa incertidumbre, una fuerte sensación de inseguridad, una clara conciencia de haberse perdido en la disipación. Por eso mismo, enfrentarse al propio naufragio de una "vida estética" - como denominaba Sören Kierkegaard a una vida sin compromiso- es la tabla de salvación que impide ahogarse en el vacío de una existencia que sólo se escapa de las manos.