Marie Curie
Joanna Griffin, Graphic News
Nadie antes que María Sklodowska (su nombre de soltera) había llegado tan lejos en el conocimiento del átomo y sus propiedades.
Aunque el próximo miércoles se cumple un siglo desde que la científica Marie Curie obtuvo el Premio Nobel de Física, todavía sorprende conocer antecedentes poco difundidos de la vida de esta polaca, cuyo trabajo en radiactividad cambió el curso de la ciencia y de paso, de la medicina.
Un ejemplo son los apuntes informales tomados hace poco menos de cien años durante las clases de ciencia práctica por su alumna Isabelle Chavannes, entonces de 13 años. Recién salieron a la luz a mediados de este año cuando uno de sus bisnietos curioseaba reliquias familiares.
Los escritos de Chavannes revelan que Curie y sus compañeros intelectuales rompieron el molde al preparar niñas para que rindieran el bachillerato, dejando en evidencia que Curie era una temprana feminista.
Más que cualquier cosa, sin embargo, las notas muestran que una de las mayores constantes a través de la vida de la Curie es una inquebrantable fe en el poder de la educación. Sobre todo, esta convicción es la que la ayuda a propulsarse desde una Polonia controlada por los rusos a la Facultad de Física en La Sorbonne, donde recibió numerosos honores.
Nacida como María Sklodowska en 1867 en Varsovia, fue la más joven de los cinco hijos de una pareja de profesores. Tras la muerte de su madre por tuberculosis, cuando apenas tenía 10 años, María se convierte en discípula de su padre, un profesor de física cuya visión nacionalista polaca lo aísla del progreso académico en un sistema educativo controlado por los invasores.
Durante su adolescencia, María asiste a la universidad flotante. Así llamaban a las clases clandestinadas organizadas por profesores polacos en desafío a la autoridad rusa. Más tarde trabaja como institutriz para pagar sus estudios en La Sorbonne en Francia. Después de completar su maestría en matemáticas, María ahora Marie, se dedica a trabajar en su laboratorio y encuentra su alma gemela.
Pocas sociedades científicas en la historia coexisten tan bien como la de Marie y Pierre Curie, el físico con el cual contrae matrimonio en 1895. En los siguientes años se dedica a descubrir la fuente de los misteriosos rayos emanados del uranio, los que ya había descubierto el científico francés Henri Becquerel en 1896.
En 1898 la pareja aísla una pequeña cantidad de material radiactivo, el cual bautizan como radio.